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LA VANGUARDIA
Josep Maria Casasus
"Un derecho torcido", copyright La Vanguardia, 25/11/01
"Son polémicos algunos métodos usados en periodismo para cumplir con el deber de informar sobre asuntos latentes que interesan a los lectores. Se constata en el caso expuesto por Ramon Morera Castell, presidente de la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (SCMFIC), y por Antoni Peris Grao, vicepresidente de esta entidad, en una carta fechada el pasado 25 de octubre y dirigida al defensor del lector de ‘La Vanguardia’.
Expresan su preocupación por el título a dos columnas en primera página que rezaba ‘Caos en el ambulatorio ante un ‘caso’ de ántrax’ (18/X/2001), y por el reportaje de Joaquín Luna al que remitía esta llamada en portada, y que abría a cinco columnas la sección de Sociedad de aquel día.
El reportaje anunciado en portada con aquel título revelaba que los médicos de cabecera no habían recibido aún orientaciones oficiales sobre cómo tratar eventuales casos de carbunco (‘anthrax’ en inglés), y que el periodista, que había simulado ser un paciente más, fue desviado a la comisaría.
En el texto del reportaje el periodista narraba su entrada en el CAP Sardenya, la simulación de identidad a la que recurrió para conocer sin prejuicios las reacciones de este servicio público, la confesión de su treta y el desenlace. Es un trabajo que utiliza técnicas y esquemas propios del periodismo de investigación y del periodismo de evaluación, variante ésta desarrollada en Estados Unidos hacia la segunda mitad del siglo XX y orientada principalmente a comprobar el trato que las administraciones públicas dispensan a las personas a las que sirven.
En su carta al defensor, los lectores Morera y Peris dicen de entrada: ‘No es ahora nuestra intención valorar la metódica empleada por el periodista de su diario en el momento de dirigirse al CAP, a pesar de que nos parece muy discutible’. Añaden: ‘En este momento estamos muy preocupados por el sensacionalismo inherente al titular de portada ‘Caos en el ambulatorio’. En primer lugar, creemos que se desprende claramente del artículo que la respuesta por parte de la médica de familia fue ágil y correcta, demorándose sólo para añadir información de la que no se dispone habitualmente en la consulta. Por otra parte, a la Societat le consta el excelente funcionamiento de este centro en concreto. No obstante el titular no está de acuerdo con esta información. No nos preocupa únicamente este particular. Nos preocupan también todas aquellas situaciones en que los profesionales de atención primaria y los médicos de familia son utilizados por los medios de comunicación para captar la atención, demasiado a menudo a partir de noticias confusas’.
Pido explicaciones. Joaquín Luna contesta: ‘Entiendo la crítica sobre el método, que no es ortodoxo. Es la segunda vez que lo empleo en veinte años de oficio: la primera vez fue para explicar una estafa piramidal a mediados de los 80. De otra forma, aquel reportaje -que condujo a la detención de quienes se lucraban con el gran número de desempleados- no hubiera podido elaborarse. Esta vez, acepté el encargo porque me pareció una forma aceptable de comprobar la reacción de un ambulatorio después de los consejos dados por la ministra de Sanidad. A tales consejos, tales aproximaciones periodísticas. Numerosos documentales de cadenas como la BBC o TF2 -¿recuerdan el de los orfanatos en China?- sólo son posibles gracias al empleo de cámaras ocultas’. Y añade: ‘A pesar de los reproches y críticas recibidos, creo que el texto dejaba claro el adecuado y acertado trato recibido en el ambulatorio, a cuyos profesionales elogié abiertamente. Personalmente, me disculpé lo mejor que supe por haber fingido ser un paciente durante cinco minutos. La reacción adversa es habitual: no sólo los periodistas valoramos más lo ‘negativo’ que lo positivo. A lo que no renuncio es a elegir mi estilo’.
El subdirector Enric Juliana alega: ‘Comprendo el desasosiego de los médicos del CAP Sardenya al verse ‘elegidos’ como botón de muestra de una situación realmente complicada, ya que el reportaje ponía en evidencia cómo el Ministerio de Sanidad, últimamente muy prolijo en declaraciones públicas, se dirigió a la opinión pública antes de asegurarse que sus instrucciones habían llegado a la base de todo el sistema sanitario. A ello se refería el titular de portada: ‘Caos en el ambulatorio...’. Descoordinación quizás hubiese sido la palabra más precisa. Pero en ningún caso se descalificaba la labor de los médicos. Considero impecable el trabajo de Luna, pero pido disculpas por la molestia. El periodismo no sólo es, en ocasiones, una profesión peligrosa, sino también antipática, impertinente incluso’.
Unas consideraciones sobre el método usado: la simulación. No es un recurso nuevo. Tiene sus clásicos en obras de periodismo de investigación: Zola (‘Germinal’), Sentís (‘Viatge en transmiserià’), Wallraff (‘Cabeza de turco’). Los periodistas tienen derecho a obtener información con esa fórmula, pero es un derecho que se tuerce al rozar la ética.
Es legítima la simulación en aras del interés general, del servicio público, y de la defensa de los derechos y la dignidad de las personas. No es legítima la simulación cuando se buscan datos morbosos sobre la vida íntima, como expuse en la crónica titulada ‘Quiebra ética y ambigüedades’, publicada el 22 de abril del 2001 (puede consultarse en www.lavanguardia.es/defensor/), y escrita a raíz de la publicación de unas indiscreciones de Sophie Rhys-Jones que afectaban a la privacidad de su marido, el príncipe Eduardo de Windsor, obtenidas por un reportero disfrazado de jeque árabe, antes de que este atuendo resultara harto sospechoso."
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